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Cuando el viajero
moderno llega a Eivissa, por aire o por mar, y toma contacto
visual con la isla, pronto se da cuenta de que arriba a un
lugar de paisaje cautivador. Desde el aire, se ve una isla de
colinas recubiertas de pinos que acaban en el mar, bien en
forma de acantilados con fuerza, bien en pequeñas playas o
recónditas calas. Cuando el avión enfila ya la pista de
aterrizaje, aparecen en toda su plenitud Ses Salines, una zona
húmeda de gran importancia ecológica.
Si la llegada a
Eivissa es por mar, tras un litoral amable se abre la bahía de
la ciudad, presidida por la impresionante muralla renacentista
que guarda la ciudad antigua. Pese a los múltiples elementos
singulares, el principal atractivo paisajístico de Eivissa
sigue siendo su conjunto, marcado por el equilibrio, y la
confusión ancestral entre la actividad humana y el
entorno.
Cuando se dejan atrás las zonas turísticas del
litoral en dirección al interior de la isla, pronto aparecen
los pueblos y parroquias de la Eivissa interior, todos ellos
formados en torno a su respectiva iglesia. En la zona norte de
la isla está Es Amunts, una extensa área protegida que
coincide con la menos poblada; allí puede visitarse el poblado
de Balàfia, próximo a Sant Llorenç, y todo un ejemplo de
integración en el paisaje de la concepción urbanística y
arquitectónica tradicional que cautivó a los
racionalistas.
Al sur de la isla está Ses Salines.
Durante buena parte de su historia, la actividad salinera
constituyó el principal recurso económico de la isla; hoy este
ecosistema, que goza de protección internacional, alberga
algunas de las playas más reputadas de Eivissa e invita al
visitante al paseo sosegado y respetuoso por unos sistemas de
frágil equilibrio que constituyen paso obligado de múltiples
especies de aves protegidas.
Desde la zona de Sant
Josep se accede a Cala d'Hort, uno de los puntos más apartados
de la Eivissa bulliciosa y donde, además de disfrutar de su
playa, se tienen las mejores vistas del impresionante islote
de Es Vedrà, una formación rocosa que se levanta con fuerza
del mar frente a Cala d'Hort y que cautiva con
facilidad.
Si para conocer la Eivissa interior lo más
recomendables es seguir la ruta de las iglesias rurales, la
forma más fácil de acceder a los puntos visualmente más
estratégicos del litoral es la visita a las antiguas torres de
defensa, construidas en tiempos de piratas, y hoy debidamente
señalizadas. Al margen de su atractivo histórico y
arquitectónico, desde estas torres pueden captarse las
esencias del litoral de Eivissa y dejar ir la mirada hacia
aguas lejanas, todo ello rememorando lo que, no hace muchos
siglos, hacían los torreros para advertir de cualquier
incursión berberisca.
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